Me veo a mi mismo inserto en un espacio lejano a la cercanía con mi entorno
Soy la sombra opaca que busca ser parte de una luz que ilumina o quiere iluminar la nada. Soy una figura que se recorta de otro tiempo y otra vida
Una imagen que se adhiere a las tablas rasas de la vida que he de vivir.
Soy la carta astral de un futuro incierto,
El futuro de un pasado que en un presente lejano he de recordar
Pero que hoy soy incapaz de precisar.
Siento ese aire tormentoso que sopla dentro de mí
Que amenaza con ser huracán indestructible
Pero que se guarda de no ser más que una suave llovizna de verano,
Cuando mucho un ligero aguacero.
Soy la risa de mis sueños aunque también mi propia contradicción.
No busco nada que no sea vivir nada que no sea tomar un tren a otra nube de mis utopías,
Fascinarme con lo sencillo y admirable del espacio,
Encantarme de lo elaborado y complicado de esta esfera de vida.
Sin mas que lo poco que la vida diera al sentido que se busca
Solo quiero luz para vivir
Para vivir el tiempo necesario antes de que la muerte me envíe boletos para su función
Y muera primero en el olvido de lo que mal o bien sean mis realidades de la fantasiosa vida que nos ha tocado vivir.
El día que muera quiero hacerlo viviendo.
lunes, 7 de junio de 2010
RIO
Río,
Es una risa gutural
Helada como si me burlara de mi mismo.
La risa se expande por todos lados
Es reproducida por el eco del vacío.
Sus hondas van hasta el infinito
Se gasta su brillo en el espacio
Luego vuelve a mi
Arañada por el viento
Herida en su centro.
Vuelvo a reír,
No escarmiento,
Es como si la soledad se regodeara en un sínico gozo,
Como si al verme lejano y ajeno a todo
Su desgracia sea mínima.
Es una risa que invade los rincones de mi alma
“si es cierto que el alma existe”.
Soy terco o empecinado,
No paro de reír
Pienso que talvez si me ven seré algo como un demente,
Creo que no me importa que lo piensen,
Entonces otra carcajada detiene mis cavilaciones.
Se supone que debería tener algún motivo para mi risa,
De lo contrario sería talvez algún ataque de histeria,
Pero no,
No hay motivo para mi estrepitosa risa,
Tampoco hay motivo.
Los músculos de mi vientre se contraen,
Siento un dolor punzante en las costillas
Aunque es menos que el de un lugar que no preciso ubicar en mis entrañas.
Lágrimas corren por mis mejillas
Son largos arroyos salados y transparentes
Como pocos se ven ya.
La risa sigue ahí,
No sede ni un momento.
Me río del cura que en la misa no cree ni el “amén” de su sermón,
Río de la doña que con un ojo mira la cruz para rezar el rosario y con el otro se fija en la falda raída de la puta que le que da atrás.
Un ataque de tos detiene por un seguido mis risotadas,
La tos sede y otra vez se lanza al ataque mi continuo reír.
Ahora río de la niña que en casa afirma que será célibe,
Que entregará sus virtudes al señor
Mientras en la soledad de su casa le entrega sus exaltaciones al orgasmo que le ofrece un no muy sacrosanto señor.
Río de los corazones solidarios,
Esos que se lamentan por la miseria del mundo,
Aquellos que en multitudinarias congregaciones lloran y oran por los pobres,
Pero que no bajan su vista a las bancas de los parques,
Porque se podrían encontrar con las costillas de un famélico huérfano.
Mi risa es por los trozos de madera,
La madera que se presta para las “nobles acciones” de los que resuelven la miseria con operativos insípidos
En los que con dos tablas llevan el progreso a los recónditos rincones de la pobreza.
Río de aquellos que califican y analizan las profundidades de la historia
Pero son incapaces de poner un pie en la calle del presente.
Río de los estudiosos de la realidad social
Porque en su vida han salido de sus ficticios mundos,
Porque ven el día a día desde la miopía de sus libros inocuos.
Río de los grandes ejemplos de cordura
Río porque no me quejo,
Porque a nadie le importa ser el arterego de la insipiente vida de la mediocridad
depronto seso de reír,
veo unos ojos que me miran iracundos,
me preguntan si es por fribolidad mi risa,
si es por lo vanal de mis entrañas.
Miro desde el espejo mi rostro,
Veo que este no medita antes de contestar,
Luego tal que si fuera un relámpago atronador
De mi garganta surge una carcajada mas estruendósa y descarada que todas las anteriores.
Me limito a seguir riendo,
Sin dar respeustas a nadie,
Nisiquiera a mí.
Surgen em mí mente otras escenas,
Motivadoras en su escencia para nuevas risas.
Río de quienes critican las posibles razones psíquicas de una rata al actuar,
De quienes examinan millones de mentes bajo un solo aspecto,
Juzgando de psicología colectiva.
Me río de mí,
De la ingenuidad con la que quisiera verme de vez en cuando,
De la tendencia a crear nuevas es escenas en mi mente,
Siempre con la esperanza de verlas hechas realidad.
Río de los que callan cuando quieren hablar.
En fin río cuando debería llorar
O por lo menos cuando debería permanecer indiferente.
En ocasiones hasta me río de mi fé
O de mi existencialismo caduco y casi sin motigo.
En incluso ahora pienso que sería capaz de reirme de Dios,
Aún a sabiendas de qe podría estar frunciendo el seño si me viera,
O quizás si corro con suerte él me acompañe a reír de buena gana,
A reír de tanta pendejada y de tantos pendejos (dentro de los que claro he de incluirme haciendo honor a la justicia de la que carecemos todos los apendejados que existimos o vivimos, ¡o sea lo que sea que hagamos!).
Es una risa gutural
Helada como si me burlara de mi mismo.
La risa se expande por todos lados
Es reproducida por el eco del vacío.
Sus hondas van hasta el infinito
Se gasta su brillo en el espacio
Luego vuelve a mi
Arañada por el viento
Herida en su centro.
Vuelvo a reír,
No escarmiento,
Es como si la soledad se regodeara en un sínico gozo,
Como si al verme lejano y ajeno a todo
Su desgracia sea mínima.
Es una risa que invade los rincones de mi alma
“si es cierto que el alma existe”.
Soy terco o empecinado,
No paro de reír
Pienso que talvez si me ven seré algo como un demente,
Creo que no me importa que lo piensen,
Entonces otra carcajada detiene mis cavilaciones.
Se supone que debería tener algún motivo para mi risa,
De lo contrario sería talvez algún ataque de histeria,
Pero no,
No hay motivo para mi estrepitosa risa,
Tampoco hay motivo.
Los músculos de mi vientre se contraen,
Siento un dolor punzante en las costillas
Aunque es menos que el de un lugar que no preciso ubicar en mis entrañas.
Lágrimas corren por mis mejillas
Son largos arroyos salados y transparentes
Como pocos se ven ya.
La risa sigue ahí,
No sede ni un momento.
Me río del cura que en la misa no cree ni el “amén” de su sermón,
Río de la doña que con un ojo mira la cruz para rezar el rosario y con el otro se fija en la falda raída de la puta que le que da atrás.
Un ataque de tos detiene por un seguido mis risotadas,
La tos sede y otra vez se lanza al ataque mi continuo reír.
Ahora río de la niña que en casa afirma que será célibe,
Que entregará sus virtudes al señor
Mientras en la soledad de su casa le entrega sus exaltaciones al orgasmo que le ofrece un no muy sacrosanto señor.
Río de los corazones solidarios,
Esos que se lamentan por la miseria del mundo,
Aquellos que en multitudinarias congregaciones lloran y oran por los pobres,
Pero que no bajan su vista a las bancas de los parques,
Porque se podrían encontrar con las costillas de un famélico huérfano.
Mi risa es por los trozos de madera,
La madera que se presta para las “nobles acciones” de los que resuelven la miseria con operativos insípidos
En los que con dos tablas llevan el progreso a los recónditos rincones de la pobreza.
Río de aquellos que califican y analizan las profundidades de la historia
Pero son incapaces de poner un pie en la calle del presente.
Río de los estudiosos de la realidad social
Porque en su vida han salido de sus ficticios mundos,
Porque ven el día a día desde la miopía de sus libros inocuos.
Río de los grandes ejemplos de cordura
Río porque no me quejo,
Porque a nadie le importa ser el arterego de la insipiente vida de la mediocridad
depronto seso de reír,
veo unos ojos que me miran iracundos,
me preguntan si es por fribolidad mi risa,
si es por lo vanal de mis entrañas.
Miro desde el espejo mi rostro,
Veo que este no medita antes de contestar,
Luego tal que si fuera un relámpago atronador
De mi garganta surge una carcajada mas estruendósa y descarada que todas las anteriores.
Me limito a seguir riendo,
Sin dar respeustas a nadie,
Nisiquiera a mí.
Surgen em mí mente otras escenas,
Motivadoras en su escencia para nuevas risas.
Río de quienes critican las posibles razones psíquicas de una rata al actuar,
De quienes examinan millones de mentes bajo un solo aspecto,
Juzgando de psicología colectiva.
Me río de mí,
De la ingenuidad con la que quisiera verme de vez en cuando,
De la tendencia a crear nuevas es escenas en mi mente,
Siempre con la esperanza de verlas hechas realidad.
Río de los que callan cuando quieren hablar.
En fin río cuando debería llorar
O por lo menos cuando debería permanecer indiferente.
En ocasiones hasta me río de mi fé
O de mi existencialismo caduco y casi sin motigo.
En incluso ahora pienso que sería capaz de reirme de Dios,
Aún a sabiendas de qe podría estar frunciendo el seño si me viera,
O quizás si corro con suerte él me acompañe a reír de buena gana,
A reír de tanta pendejada y de tantos pendejos (dentro de los que claro he de incluirme haciendo honor a la justicia de la que carecemos todos los apendejados que existimos o vivimos, ¡o sea lo que sea que hagamos!).
ERA MUJER Y QUERIA UN BESO
Era mujer y quería un beso.
Con su negritud al hombro, la boca abierta en un gemido de placer y tres gotas de sudor en la frente.
Abrió sus piernas e inició el vaivén que hacía resonar el colchón de sábanas curtidas.
De su amante sabía lo esencial.
Que era quizás alto, talvez moreno y que estaba con ella.
Que le hizo mil promesas que no cumpliría y que no le daría el beso que deseaba desde tiempos que no alcanzaba a recordar la memoria, ni su luá.
Uno que fuera azul
Los besos rojos le sacaban de sus casillas por repetidos
Que sea desapasionado pero con pasión
Los besos apasionados eran patéticos y de plástico descolorido.
Era mujer y quería un beso.
No uno que le llegara al alma,
Tampoco quería ser el blanco del puño de un hombre,
Ni la cocinera de la comida desabrida o salada de nadie.
Era tan solo una mujer que quería un beso.
Por el momento la cara del hombre se contraía,
Abría un poco los labios como quien da por la boca el alma
Sudaba dos gotas frías que se juntaban con las ya calientes antes sudadas
Y la llenaba de una leche tibia que le recorría las entrañas por un segundo y la dejaba frustrada.
Era mujer y quería un beso,
Por ahora solo recibió los cien pesos que le dio por haberse venido este cliente,
Era mujer y quería un beso,
Pero solo recibió el pago por sus servicio del futuro padre desconocido de otro hijo de un batey.
Con su negritud al hombro, la boca abierta en un gemido de placer y tres gotas de sudor en la frente.
Abrió sus piernas e inició el vaivén que hacía resonar el colchón de sábanas curtidas.
De su amante sabía lo esencial.
Que era quizás alto, talvez moreno y que estaba con ella.
Que le hizo mil promesas que no cumpliría y que no le daría el beso que deseaba desde tiempos que no alcanzaba a recordar la memoria, ni su luá.
Uno que fuera azul
Los besos rojos le sacaban de sus casillas por repetidos
Que sea desapasionado pero con pasión
Los besos apasionados eran patéticos y de plástico descolorido.
Era mujer y quería un beso.
No uno que le llegara al alma,
Tampoco quería ser el blanco del puño de un hombre,
Ni la cocinera de la comida desabrida o salada de nadie.
Era tan solo una mujer que quería un beso.
Por el momento la cara del hombre se contraía,
Abría un poco los labios como quien da por la boca el alma
Sudaba dos gotas frías que se juntaban con las ya calientes antes sudadas
Y la llenaba de una leche tibia que le recorría las entrañas por un segundo y la dejaba frustrada.
Era mujer y quería un beso,
Por ahora solo recibió los cien pesos que le dio por haberse venido este cliente,
Era mujer y quería un beso,
Pero solo recibió el pago por sus servicio del futuro padre desconocido de otro hijo de un batey.
viernes, 9 de abril de 2010
desayuno bodegón
Raro sería que no halla un gato en la cocina, más raro aún que este no rompa algo y todavía más raro que ese algo roto no cause un estrépit. El gato saldría de la nada posaría sus patas delanteras sobre una silla, cerraría un poco los ojos como midiendo el tamaño del daño que causará con su asalto. Abre un poco las fauces degustando los últimos residuos del bocado anterior o anticipando el gusto del próximo bocado.
Sobre la mesa hay una taza de café sobre una servilleta blanca con diseño de flores de hilo, tiene escrito el nombre de Laura con tinta roja, desde el momento en que luis dejara de comer para buscar entre sus fantasías, la posibilidad de que ella accediera a algo con él.
La taza está astillada en el borde, de la última vez que María fregándola antes de irse para la escuela, la dejó caer .
Aún el café humea un poco, pero a Papo no le gustó disque porque estaba muy claro, disque que era un “agua tindanga”.
El gato flexiona las piernas y diseña un lijero arco en el aire antes de caer de pie sobre la mesa. Lo más probable es que se sienta todo un artista, o quizás un espía muy antiguo, por sus actos bien elaborados y de resultados siempre generosos. Quizás si tuviera un sombrero, lo utilizaría para hacer una reverencia al público invisible, como todo un gato de principios y que se respeta.
Junto a la taza de café, también había un plato de loza con los plátanos y los huevos fritos del desayuno de papo, tampoco los quiso comer porque no es bueno desayunarse sin haber bebido café, eso siempre le da sueño y dolor de cabeza.
Una mosca caminaba sobre una de las llemas que estaban en el plato. Caminaba degustando los millones de sabores que sus patitas le hacían llegar. Lo podía estar disfrutando quizás, pero sus viajes anteriores a lo largo de su gran corta vida, no le permitían apreciar como en sus momentos mozos. Por suerte un plato exquicito siempre brinda elogios de placer a los sentidos.
El gato miraba en todas las direcciones, evaluaba la grandeza de su pequeño poderío, le hacía sentir un león en la selva doméstica de su cocina. Aventuró un pasito sobre la mesa sin mantel.
El nombre de Laura fue pisado por una mosca que se enteró de los huevos, los plátanos y el café que había a disposición de quien lo colonizara, se enteró del banquete. Desde que lo supo, tomó sus cosas y se lanzó a la aventura. Estaba curtida con la experiencia de otros viajes. Incluso había logrado escapar a la telaraña que había en la ventana de la cocina. Su fama y prestigio entre las moscas, sabía que era bien merecido, así que este banquete bien podía ser una recompensa por sus grandes proesas.
La llema del huevo a penas y si estaba un poco cocida, el sabor era inigualable, más con ese toque del condimento que siempre acompañaba ese tipo de platos. La mosca daba saltitos de placer entre una porción y otra del huevo que le tenía ocupada. A duras penas se había enterado de la presencia de otras moscas. Eso era comer, comer sin la preocupación de que viniera algún manotazo que le hiciera a uno largarse sin darse todo el gusto del que pudieran disponer.
El café se había enfriado del todo en la taza. Al parecer en la casa no había nadie, aunque la radio que estaba en la otra mesa, murmullaba algún noticiero o programa interactivo de la mañana.
La mosca abandonó el nombre de Laura, describió un sendero largo y logró luego de un vuelo en extremo riesgoso, pegarse a la base del plato. Describiendo varias eses en su camino, alcanzó la cima del plato y se dispuso a desender por la quebrada que le quedó a su frente.
Un rugido de dolor estremeció el aire. La pata derecha del gato cayó con todo su peso sobre el cuerpo de la mosca que casi terminaba de bajar la quebrada del pplato. Con el peso de la otra pata al pisar el plato catapultó todo su contenido hacia fuera de los límites de la mesa. La mosca que degustaba del placer de comer vio una nueva indigestión al tener que elevar el vuelo sin acabar su desayuno.
El plato chocó con la taza que antes de estrellarse en el suelo, bañó de café la servilleta con el nombre de laura.
El gato había salido espavorido al sentir el primer palo sobre el espinazo. Aún sentía el corrientaza del golpe, y lo peor de todo es que no pudo comerse el huevo ese, aunque por lo menos supo que tampoco la mosca esa que caminaba hacia donde sus compañeras, pudo hacerlo y que el la mató o la dejó mal herida.
Irguió su dignidad, se relamió una vez más, hizo de oídos sordos a los insultos que todavía venían desde el enemigo y salió a buscar alguna cola de lagarto con que jugar, si había suerte podría incluso comerse el lagarto sin tener que jugar con su cola.
Sobre la mesa hay una taza de café sobre una servilleta blanca con diseño de flores de hilo, tiene escrito el nombre de Laura con tinta roja, desde el momento en que luis dejara de comer para buscar entre sus fantasías, la posibilidad de que ella accediera a algo con él.
La taza está astillada en el borde, de la última vez que María fregándola antes de irse para la escuela, la dejó caer .
Aún el café humea un poco, pero a Papo no le gustó disque porque estaba muy claro, disque que era un “agua tindanga”.
El gato flexiona las piernas y diseña un lijero arco en el aire antes de caer de pie sobre la mesa. Lo más probable es que se sienta todo un artista, o quizás un espía muy antiguo, por sus actos bien elaborados y de resultados siempre generosos. Quizás si tuviera un sombrero, lo utilizaría para hacer una reverencia al público invisible, como todo un gato de principios y que se respeta.
Junto a la taza de café, también había un plato de loza con los plátanos y los huevos fritos del desayuno de papo, tampoco los quiso comer porque no es bueno desayunarse sin haber bebido café, eso siempre le da sueño y dolor de cabeza.
Una mosca caminaba sobre una de las llemas que estaban en el plato. Caminaba degustando los millones de sabores que sus patitas le hacían llegar. Lo podía estar disfrutando quizás, pero sus viajes anteriores a lo largo de su gran corta vida, no le permitían apreciar como en sus momentos mozos. Por suerte un plato exquicito siempre brinda elogios de placer a los sentidos.
El gato miraba en todas las direcciones, evaluaba la grandeza de su pequeño poderío, le hacía sentir un león en la selva doméstica de su cocina. Aventuró un pasito sobre la mesa sin mantel.
El nombre de Laura fue pisado por una mosca que se enteró de los huevos, los plátanos y el café que había a disposición de quien lo colonizara, se enteró del banquete. Desde que lo supo, tomó sus cosas y se lanzó a la aventura. Estaba curtida con la experiencia de otros viajes. Incluso había logrado escapar a la telaraña que había en la ventana de la cocina. Su fama y prestigio entre las moscas, sabía que era bien merecido, así que este banquete bien podía ser una recompensa por sus grandes proesas.
La llema del huevo a penas y si estaba un poco cocida, el sabor era inigualable, más con ese toque del condimento que siempre acompañaba ese tipo de platos. La mosca daba saltitos de placer entre una porción y otra del huevo que le tenía ocupada. A duras penas se había enterado de la presencia de otras moscas. Eso era comer, comer sin la preocupación de que viniera algún manotazo que le hiciera a uno largarse sin darse todo el gusto del que pudieran disponer.
El café se había enfriado del todo en la taza. Al parecer en la casa no había nadie, aunque la radio que estaba en la otra mesa, murmullaba algún noticiero o programa interactivo de la mañana.
La mosca abandonó el nombre de Laura, describió un sendero largo y logró luego de un vuelo en extremo riesgoso, pegarse a la base del plato. Describiendo varias eses en su camino, alcanzó la cima del plato y se dispuso a desender por la quebrada que le quedó a su frente.
Un rugido de dolor estremeció el aire. La pata derecha del gato cayó con todo su peso sobre el cuerpo de la mosca que casi terminaba de bajar la quebrada del pplato. Con el peso de la otra pata al pisar el plato catapultó todo su contenido hacia fuera de los límites de la mesa. La mosca que degustaba del placer de comer vio una nueva indigestión al tener que elevar el vuelo sin acabar su desayuno.
El plato chocó con la taza que antes de estrellarse en el suelo, bañó de café la servilleta con el nombre de laura.
El gato había salido espavorido al sentir el primer palo sobre el espinazo. Aún sentía el corrientaza del golpe, y lo peor de todo es que no pudo comerse el huevo ese, aunque por lo menos supo que tampoco la mosca esa que caminaba hacia donde sus compañeras, pudo hacerlo y que el la mató o la dejó mal herida.
Irguió su dignidad, se relamió una vez más, hizo de oídos sordos a los insultos que todavía venían desde el enemigo y salió a buscar alguna cola de lagarto con que jugar, si había suerte podría incluso comerse el lagarto sin tener que jugar con su cola.
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